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miércoles, 3 de mayo de 2017

JULITA, LA HIJA DEL MAESTRO

Otro de Julita, os acordáis de ella?

El aula parecía un gallinero, el género femenino alborotaba mucho más, no porque fuesen más ruidosas sino porque eran muchas más. Hablaban de ropas, maquillajes, perfumes y también de chicos, cómo no...
Los de la clase eran compañeros de estudios y no triunfaron en el lugar, ninguno se comió ni una rosca, aunque se les iban los ojos por aquellas compañeras jovencitas y minifalderas.

La puerta se abrió de sopetón y entró el maestro, un hombre ya jubilado y qué tenía un extra bastante apetecible para agregarlo a su pensión.
-¡Silencio, empieza la clase!

Tod@s callaron con aquel vozarrón y la cara de mala leche.

A medida qué pasaron los minutos alguien pedía permiso para ir al baño, prácticamente tod@s a lo largo de la tarde-noche lo visitaban.
Era el baño familiar y todo hay que decirlo estaba pulcro cómo el que más.

Allí Julita tenía sus cremas, maquillajes y perfumes y me apuesto a qué todas en algún momento habían hurgado en sus cosas.
Las más atrevidas salían con los morros pintados y queriendo disimular, otras no habían podido resistirse a ponerse unas gotitas de su perfume.
Y al salir del baño raro el día qué no se tropezasen por la casa con la susodicha Julita, qué tenía un mosqueo de mil demonios.

Y por hoy no hay más.
Autora Verónica O.M

Imagen de internet


jueves, 9 de marzo de 2017

JULITA, LA HIJA DEL MAESTRO

Julita era la hija del maestro que impartía clases nocturnas.
Quienes asistían a aquellas clases no les constaba que fuese profesora ni nada por el estilo. Ocasionalmente dictaba a los alumnos de su padre y ellos rápidamente garabateaban en sus libretas algo que muchos no serían capaces de descifrar.
Cuándo acababa el dictado de taquigrafía y Julita salía del aula, los alumnos se burlaban de ella. No lo hacían ruidosamente pero si con gestos groseros. Ella algo sospechaba...
Al cabo de unos minutos entraba nuevamente en la habitación de la casa que estaba habilitada cómo aula. Preguntaba al alumno qué se le antojaba que había traducido del dictado. Todo hay qué decirlo una gran mayoría se habían copiado de otros, así qué los fallos eran los mismos, ja,ja.
Otro día más. Lo haré de vez en cuándo.
Autora Verónica O.M.
Imagen de Internet