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| Simpática imagen de Internet |
La mujer llegó al ambulatorio igual que una flecha, la administrativa que había tras el mostrador la miró un segundo, después siguió atendiendo el teléfono.
Maite sin esperar a que saliese Jorge a llamar a otro paciente, abrió la puerta y con lo que se encontró no le hizo maldita gracia.
Allí estaba su amor con los pantalones abajo, y una mujer de edad indescifrable con la falda arriba y sin...
Se puso roja como un pimiento morrón por la rabia, y sin pensarlo se abalanzó sobre él.
-¡Eres un sinvergüenza, y mujeriego! no entiendo como nunca me di cuenta, sin duda te cepillas a todas.
La otra intentaba bajarse la falda, que la llevaba enrollada cerca de sus axilas y la ropa interior no la encontraba.
Maite se encaró y señaló con el dedo.
-¡Y tú, una guarra!
Se acordó de lo que les pasó a ellos en otra ocasión, y como ella misma tuvo que huir por el pasillo. Ahora, aquella otra se enteraría, abrió la puerta de par en par a la vez que chilló a pleno pulmón.
-¡El médico está fornicando con una paciente!
Un matrimonio mayor pasaba por el pasillo e iban a la consulta de al lado. El hombre al ver aquello le dijo a su mujer.
-¡Anita, no mires!
-¿Qué dices, Roque? ¡Dios mio, lo que una tiene que llegar a ver a esta edad ¿Qué decías, Roque?
-¡Ya nada, mujer! cada día estás más sorda.
Los dos viejos estaban con los ojos muy abiertos, aquello hacía muchos años que lo tenían olvidado, ahora hablarían largo tiempo de ello. Y quien sabe si algo podrían intentar.
Maite se dirigió hacia el mostrador.
-¡Me quiero cambiar de médico!
-Un segundo, señora, que ahora la atiendo.
Autora Verónica O.M.
Continuará
Se acerca pronto el final, tan solo quedan tres capítulos...


