![]() |
| Simpática imagen de internet |
La vieja sin pudor alguno se medio desnudó, había que verla lo rápidamente que lo hizo, parecía como si de aquello dependiera su vida.
El médico interiormente se hacía cruces.
-¡Que bajo he caído, Dios mio!
Isabel estaba encantadísima, nunca lo había hecho con alguien a quien llevase tantísimos años.
-¡Isabel, se acabó ya! Alguien puede entrar y pillarnos aquí liados.
-¡Pues asómese despacito, para ver si hay alguien en la sala de espera!
El médico, echaba chispas por dentro, pero disimulando tuvo que hacer caso a la vieja. Asomó la cabeza, y antes de apartarla, Isabel a su vez la asomó también, no quería que el médico se la diese con queso.
Y como no había nadie esperando, el médico tuvo que cumplir con ella, le gustase o no.
¿Y tu... qué piensas de eso?
Ya acabados del todo, lo que se dice del todo, Isabel abrió la puerta dispuesta a marcharse. Pero antes de hacerlo, sentenció.
-¡Volveré, doctorcito!
Cerró la puerta con mucha delicadeza, y nada más cerrarla.
-¡Que asco, por Dios!
Dijo el médico, y marchó deprisa hacia el lavabo, para quitarse aquel olorcillo que se le había quedado a vieja (mis respetos a todas las mujeres) Eso lo piensa él.
Autora Verónica O.M.
Continuará


