Iván había escondido en casa a una bonita ratita...
Se la había regalado su amigo Lucas, porque su madre terminantemente le había prohibido tenerla. Y él aunque estaba seguro de que la suya haría igual se había arriesgado y la tenía escondida debajo de su cama. Y tan inocente que pensó que la ratita no se movería de allí.
Al salir del cuarto ella le siguió sigilosa y al escuchar a su madre gritando vio como la ratita huyó espantada.
-Saca esa cosa de casa -dijo histérica.
-No tiene donde ir - respondió el niño y a punto de llorar.
-De donde la has sacado?
-Me la ha regalado Lucas - gimoteó.
-Pues se la devuelves.
Y ahora si que arrancó a llorar y la madre que lo quería tanto claudicó al verlo en aquel estado.
-Iremos a comprarle una jaula y de ella te encargas tú.
Y el niño le gritó un sonoro ¡te quiero!
Y ella que ya tenía el corazón ablandado - ¡y yo te quiero más!
Verónica O.M.