Cuánto tiempo, Yaya,
Te puedo describir cómo eras.
Tus hermosos ojos grises.
Tu pelo cano
brillando cómo la nieve.
Tus manos acariciantes
y siempre templadas.
Cuánto lloré
al ser consciente
de que tu marcha
me dejaría
un tremendo vacío.
Por eso
nunca permití
que ella
nos separara.
Porque, Yaya,
vives conmigo.
Mi aportación, para el día de la poesía.
Al escribir, no he podido evitar que alguna lagrimilla ruede y moje mis mejillas.
Verónica O.M.

