El bar necesitaba unos arreglos costosos, pero...
La falta de dinerito era el problema. Así que Emilio tuvo que buscar a un chapuzas para que al establecimiento le diera un lavado de cara.
Y si que se lo dio. Pintó el techo y las paredes. Los goterones mancharon a las sufridas mesas y sillitas que tenían más años que el propio Emilio.
—Qué has hecho? Ya puedes limpiarlo todo o no verás ni un céntimo.
El chapuzas no cobró... pero Emilio tuvo que comprar mobiliario nuevo.
Verónica O.M.

